Trazar líneas en la arena entre el chisme y noticia

Por: Rafael Matos

Periodista y Profesor de comunicaciones

 

El encontronazo entre el artista René Pérez (Calle 13) y un entrevistador y fotoperiodistas de farándula, marca un nuevo incidente en el dilema de lo que es noticia y lo que es entretenimiento.

Presumo que Calle 13 sintió en su mente que ser objeto de preguntas insistentes sobre su vida privada no era un ejercicio puro de periodismo, sino de acoso personal. El reportero insiste que su labor es informativa.

¿Por qué ocurren todavía estos malos entendidos?

Ser una figura tan explayadamente pública como lo es él, lo hace blanco fácil de tales “acosos” informativos. Pérez tiene que aprender a guardar sus manos y usar mejor su ya famosa labia.  Nada justifica una agresión o empujón a un trabajador de los medios por más intrusos que traten de ser.

De igual modo, muchos informadores tienen que aprender la diferencia entre lo que es una entrevista y un interrogatorio. Los periodistas entrevistan, los investigadores policiacos interrogan. Repetir agresivamente la misma pregunta tienes visos de acoso.

Entonces, procede analizar la diferencia entre noticia auténtica y cotilleo.

Uno de los más cínicos de los escritores modernos, el irlandés Oscar Wilde, planteó alguna vez que las noticias son simplemente narrativas bien estructuradas sobre algún chisme.

Tras 40 años persiguiendo datos para “estructurar” noticias serias, puedo testimoniar que el origen de la mayoría de las informaciones de interés público, nacen de un rumor.

Ahora… Hay que saber distinguir lo que es rumor, de lo que es habladuría (chisme sin verificar, cotilleo).

El perseguir datos para reportar noticias serias y bien estructuradas (es decir, con fuentes confiables, verificación, no opinar, fechas, lugares, testimonios, citas directas, atribución, etc.) simplemente basadas en un rumor o un chisme, obliga a un buen periodista a rápidamente separar la paja del polvo.

Noticia es realidad objetiva. Chisme es presunción. Las noticias surgen de fuentes confiables, los chismes de terceras voces mal intencionadas. La noticia es lo que ocurrió en la escena. El chisme es lo que se escuchó en el bar.

Una vez que se cumpliera con todo rigor las reglas de verificar los datos, constatar los documentos, entrevistar a los actores de la noticia, enfocar ambos lados del debate, pues por la alquimia del buen periodismo, el rumor y el chisme dejan de serlo y se convierten en información seria, responsable y apta para consumo público.

La orden es evitar a toda costa el sensacionalismo, las verdades a medias y la exageración.

En los tiempos del periodismo tradicional –hasta circa el año 2000–  y con el nacimiento del periodismo digital en la Web, se comenzaron a borrar las líneas entre rumor y chisme y noticia.  Por la rapidez de la Internet y la masividad de las redes sociales, la noticia se vulgarizó y se convirtió en una actividad recreativa del instante. Lo importante es tirarlo primero al medio (la plataforma digital) y luego verificar los datos.

Así la industria de la noticia se convirtió en una industria de entretenimiento informativo.

Por eso es hoy día vemos en TV, a la hora de mayor sintonía –las cuales antes pertenecían sagradamente a las noticias serias–  pues… puros programas de cotilleo.

Es decir, la información liviana y entretenida. Entre menos seriedad y más humor, mejor. El cotilleo no como bien educativo, sino como mercancía informativa rentable. Muy rentable.

La noticia de farándula siempre existió, pero tenía la misma rigurosidad de la información de tribunales, finanzas, crimen o política.

Hoy en día, los productores de estos programas han leído bien la nueva mente pública y han captado que ya muy pocos televidentes quieren sufrir las noticias serias, de rigurosa profundidad y sobria documentación investigativa. Son tiempos difíciles y no hay que amargarse mucho.

El comentario social, farandulero, contar el chasco público y utilizar visuales escandalosos, de no más de un minuto de duración, piensan que es lo que la gente espera en las nuevas dinámicas televisas.

Estas dinámicas livianas son, si de algún modo “noticias” pero fundamentadas en chismes, comentario, habladurías sacadas las redes digitales y salpicadas de alguna opinión cínica. Tienen poco o nada de rigurosidad en la verificación de los datos al momento de presentarla. Entretenimiento puro e inmediato. La consigna es: “aquí lo vieron primero”.

Por ejemplo, yo no me atrevería ir a entrevistar a René Pérez sobre su vida matrimonial, sin primero buscar testimonios, documentos, verificaciones de hechos, etc.

Los que estuvimos muchos anos frente a un aula universitaria de periodismo, machacando ética, leyes de privacidad, libelo, rigurosidad y verificación de datos, nos sacude el alma al ver que la industria del entretenimiento es prácticamente la principal fuente de trabajo hoy en día para los recién salidos de las escuelas de comunicación social. Al menos, en el periodismo boricua.

Todo lo demás de la profesión esta encogido o prácticamente en un segundo plano.  Pienso que artistas como René Pérez y el colega del programa “Lo sé todo”, cayeron ambos en un forcejeo inevitable de estos tiempos tan confusos sobre el nuevo rol de los medios. Tensión entre lo informativo y lo entretenido.

Y… realmente ¿a cuántos seres pensantes les interesa saber con quién se revuelca René Pérez?

“Yo exijo saber de inmediato algo de tu vida privada para entretener a mi público porque tú te debes a él”, parece decir uno.

“Qué carajo haces tú arrastrando mi privacidad por las calles de la palestra pública”, parece plantear el otro.

Cierto, Calle 13 pudo haber sido más diplomático en su reacción ante la “intrusión periodística” porque, después de todo, es demasiada figura pública.

El informador pudo ser menos insistente en su interrogar, pues es un estilo que crespa los nervios a cualquier ser humano. Además, muchas veces la noticia está en lo que el entrevistado prefiere callar.

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